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es lo mejor

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Sátira
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La sátira es un subgénero lírico que expresa indignación hacia alguien o algo, con propósito moralizador, lúdico o meramente burlesco.
Se escribe en prosa o verso o alternando ambas formas (sátira menipea).
Estrictamente la sátira es un género literario, pero también la encontramos en las artes gráficas y escénicas. En la sátira los vicios individuales o colectivos, las locuras, los abusos o las deficiencias se ponen de manifiesto por medio de la ridiculización, la farsa, la ironía y otros métodos; ideados todos ellos para lograr una mejora de la sociedad.[1] Aunque en principio la sátira está pensada para la diversión, su propósito principal no es el humor en sí mismo, sino un ataque a una realidad que desaprueba el autor, usando para este cometido el arma de la inteligencia.
Es muy común, casi definiendo su esencia, que la sátira esté fuertemente impregnada de ironía y sarcasmo; además la parodia, la burla, la exageración, las comparaciones, las yuxtaposiciones, la analogía y las dobleces son usados de manera frecuente en el discurso y la escritura satírica. Lo esencial, sin embargo, es que "en la sátira la ironía sea militante".[2] La ironía militante a menudo declara abiertamente que acepta las situaciones que son blanco del ataque de la sátira.







Bula
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Bula del papa Urbano VIII con el sello (bulla) de plomo.
Una bula es un documento sellado con plomo sobre asuntos políticos o religiosos en cuyo caso, si está autentificada con el sello papal, recibe el nombre de bula papal o bula pontificia. El nombre bula procede del latín bulla, término que hace referencia a cualquier objeto redondo artificial, y en un principio se utilizaba para referirse a la medalla que portaban al cuello, en la Antigua Roma, los hijos de las familias nobles hasta el momento en que vestían la toga.
Contenido[mostrar]
1 Historia
1.1 Bula papal
2 Lista de bulas
2.1 siglo XII
2.2 siglo XIII
2.3 siglo XIV
2.4 siglo XV
2.5 siglo XVI
2.6 siglo XVII
2.7 siglo XVIII
2.8 siglo XIX
2.9 siglo XX
3 Referencias
4 Enlaces externos
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[editar] Historia
Refiere Plinio el Viejo que Tarquino el Anciano fue el primero que dio una bula de oro a un hijo suyo que teniendo apenas catorce años mató a un sabino en un combate. El mismo autor dice que según algunos historiadores había dado antes Rómulo una bula al hijo de Horto, primogénito de las doncellas sabinas, después del robo de ellas, el cual se llamó más adelante Tulio Hostilio. Los hijos de las familias nobles y ricas llevaban una bula de oro; los de condición inferior, como los manumitidos, llevaban en su lugar un pedazo de cuero. Cuando llegaban a la adolescencia dejaban los primeros la bula a la vez que la pretesta, y generalmente consagraban aquella a los dioses lares o algunas otras divinidades.[1]
Diose en la antigüedad el nombre de bulas a los rescriptos de los príncipes, que llevaban un sello de oro, plata o plomo, ya porque se asemejaba este sello a las bulas que entre los romanos llevaban por adorno los niños, ya por alusión a unas tablas que se exponían al público, en las cuales constaban los días festivos, y tenían el mismo nombre. Convenía este particularmente a las ordenanzas de los príncipes, concernientes al bien público, porque se hallaban patentes y selladas, en lugar de que las cartas relativas a los particulares se espedian firmadas y cerradas. La palabra bula quedo por mucho tiempo apropiada a los edictos de los príncipes; después se extendió a los concordatos hechos entre los soberanos, que se autorizaban con sus sellos; hasta que por último, ha venido a aplicarse exclusivamente a los escritos de los papas sobre algún negocio de importancia.[2]
En el siglo VI se comenzó a utilizar un sello circular, generalmente de plomo aunque en ocasiones muy solemnes podía utilizarse el oro, como medio de autentificar ciertos documentos. Este sello, no el documento en si, recibió el nombre de bula.
[editar] Bula papal
En el caso tratarse de un documento papal, la bula llevaba impresa en el anverso el nombre del Papa bajo cuyo pontificado se emitía el documento, y en el reverso las inscripciones SPE y SPA divididas por una cruz, siglas que hacían referencia a San Pedro y San Pablo.
Esta bula o sello se unía, por medio de una cuerda de cáñamo o de una cinta de seda roja o amarilla, al documento que hasta el siglo XI era de papiro lo que explica los pocos originales que se han conservado, quedando en muchos casos sólo el propio sello de plomo. A partir de ese siglo el papiro fue sustituido por el pergamino y posteriormente se usó el papel.
A partir del siglo XIII el término bula deja de hacer referencia al sello para pasar a describir al propio documento sobre el que se colocaba y, a partir del siglo XV, deja de hacer referencia a cualquier documento papal para reservarse a las cartas apostólicas relativas a materia de fe o interés general, concesión de gracias y privilegios, o asuntos judiciales o administrativos expedidos por la cancillería apostólica.
En estos casos la bula comenzaba con el nombre del Papa sin el numeral, seguido de su dignidad de Episcopus (obispo) y del título Servus Servorum Dei (siervo entre los siervos de Dios). Así por ejemplo si una bula es publicada por el actual Papa, la misma estará encabezada por el siguiente texto:
Benedictus, Episcopus, Servus Servorum Dei.
En el siglo XVIII el sello de plomo fue sustituido por la estampación de un membrete rojo.
Las bulas son enrolladas o dobladas y aseguradas con un sello, para que no sean leídas por nadie hasta llegar a su destinatario. Cuando una bula es demasiado importante, se le añade otro sello dorado, y se llama bula áurea.
Las bulas publicadas hasta el siglo XII eran firmadas exclusivamente con el Papa, que desde esa época empezó a utilizar la fórmula Ego, Benedictus, catholice ecclesie episcopus SS. Después fueron también firmadas por los cardenales.
Las bulas son conocidas por las dos o tres primeras palabras del texto que expone los asuntos tratados.
La bula más notable, sin duda, bien que puede decirse múltiple, y cuyo origen se desconoce, es la llamada Bulla in cana Domini, porque se leía públicamente el día de Jueves Santo por un cardenal diácono en presencia del papa, acompañado de los demás cardenales y obispos.
Contenía una excomunión contra todos los herejes, contumaces y desobedientes a la santa sede, y después de leída, arrojaba el papa un hacha encendida a la plaza pública, en señal de fulminar el anatema. En la bula del papa Paulo III, del año 1536, se espresaba ser costumbre antigua de los soberanos pontifices, publicar esta excomunion el día de Jueves Santo, por conservar la pureza de la religion cristiana, y mantener la unión de los fieles; pero no se hablaba en ella del origen de la ceremonia. Las principales partes de la referida bula concernían a los herejes y a sus factores, a los piratas y corsarios, a los que impusieran nuevos peajes, a los que falsificasen bulas y demás cartas apostólicas, a los que maltratasen a los prelados de la iglesia, a los que turbasen o quisiesen restringir la jurisdicción eclesiástica, aun con el pretesto de impedir algunas violencias, fuesen consejeros o procuradores generales de los príncipes seculares, a los que usurpasen los bienes de la iglesia, etc. Todas estas cosas estaban reservadas al papa, y ningún sacerdote podía absolver de ellas, sino en el artículo de la muerte. Estas bulas encontraron, como era natural, una vigorosa resistencia en todos los príncipes cristianos, y cesaron desde el año 1770, en el pontificado de Clemente XIV, aunque con algunas reservas que se depositaron en el Vaticano, y que han continuado sus sucesores.[2]
[editar] Lista de bulas
[editar] siglo XII
1120, Sicut Judaeis de Calixto II, por la que se protege a los judíos y se prohíbe su conversión forzosa.
1136, Ex commisso nobis de Inocencio II, por la que se confirma la independencia de la Iglesia polaca
1139, Omne datum optimum de Inocencio II, por la que reconoce la Orden del Temple.
1144, Milites Templi, de Celestino II, por la que se ordena al clero la protección y el sostenimiento de la Orden del Temple.
1145, Militia Dei de Eugenio III, por la que se confirma la independencia de la Orden del Temple de clero secular.
1145, Quantum praedecessores, de Eugenio III, por la que se convoca la Segunda Cruzada.
1155, Laudabiliter, de Adriano IV, por la que se reconoce el señorío de Enrique II de Inglaterra sobre Irlanda.
1185, Post Miserabile de Urbano III, por la que se reconocen privilegios a los futuros cruzados..
1187, Audita tremendi, de Gregorio VIII, por la que se convoca la Tercera Cruzada.
1192, Cum universi de Celestino III, sobre la Iglesia escocesa.
[editar] siglo XIII
1205, Etsi non dispaceat de Inocencio III, por la que se realizan una serie de acusaciones sobre los judíos franceses.
1213, Quia maior, de Inocencio III, por la que se convoca la Cuarta Cruzada.
1216, Religiosam vitam, de Honorio III, por la que se aprueba la Regla de la Orden dominica.
1218, In generali concilio de Honorio III, por la que se ordena la ejecución de las decisiones del IV Concilio de Letrán.
1219, Super especulam, de Honorio III, por la que se prohíbe la enseñanza del Derecho Civil a la Universidad de París.
1223, Solet annuere, de Honorio III, por la que se aprueba la Regla de la Orden franciscana.
1226, Ut vivendi norma, de Honorio III, por la que se aprueba la Regla de la Orden carmelita.
1231, Parens scientarum, de Gregorio IX, por la que se reconoce la independencia de la Universidad de París tras la huelga de 1229.
1232, Ille humani generis, de Gregorio IX, por la que se confía la Inquisición a la Orden dominica.
1233, Etsi Judaeorum, de Gregorio IX, por la que se requiere a los prelados a prevenir los ataques cristianos a los judíos.
1233, Licet ad capiendos, de Gregorio IX, por la que crea la Inquisición.
1239, Si vera sunt, de Gregorio IX, por la que se establece la confiscación e inspección de los libros del Talmud por los prelados de España y Francia.
1247, Lachrymabilem Judaeorum, de Inocencio IV.
1252, Ad extirpanda, de Inocencio IV, por la que se legitima la tortura como medio de confesión de los heréticos.
1254, Querentes in agro, de Inocencio IV, por la que se reconoce el patronazgo de la Santa Sede sobre la Universidad de Oxford.
1267, Turbato corde, de Clemente IV.
1274, Ubi Periculum, de Gregorio X.
1296, Clericis laicos, de Bonifacio VIII, por la que se prohibía al poder temporal apoderarse de los bienes del clero.
1299, De sepulturis, de Bonifacio VIII, por la que se prohibía el desmembramiento de los muertos para llevarse los huesos y ser enterrados en otros lugares.
[editar] siglo XIV
1301, Ausculta, fili, de Bonifacio VIII, por la que se proclama la superioridad del poder espiritual sobre el temporal y se convoca a Felipe IV de Francia a que comparezca ante el Concilio de Roma.
1302, Unam Sanctam, de Bonifacio VIII por la que se afirma la superioridad del poder espiritual sobre el poder político.
1307, Pastorales praeminentiae, de Clemente V, por la que se ordenó el arresto de los Templarios y la confiscación de sus bienes.
1308, Fasciens misericordiam, de Clemente V, por la que se definieron las acusaciones contra los Templarios.
1308, Regnans in coelis, de Clemente V, por la que se convoca el Concilio de Vienne.
1312, Vox in Excelsi, de Clemente V, por la que se suprime la Orden del Temple.
1312, Ad providam, de Clemente V, por la que se transfieren los bienes de la Orden del Temple a la Orden de los Hospitalarios.
1312, Considerantes dudum, de Clemente V, por la que se establece la situación jurídica de los antiguos templarios dividiéndolos en tres categorías.
1312, Nuper in concilium, de Clemente V.
1312, Licet dudum, de Clemente V.
1312, Dudum in generali concilio, de Clemente V.
1313, Licet pridem, de Clemente V.
1317, Sane considerante, de Juan XXII, por la que la diócesis de Toulouse se convierte en arzobispado.
1323, Cum inter nonnullos, de Juan XXII, por la que se rebate la doctrina franciscana sobre la pobreza de Cristo.
[editar] siglo XV
1439, Laetantur Coeli, de Juan XXII, por la que se reunifican las Iglesias de Oriente y Occidente tras el Concilio de Florencia.
1452, Dum diversas, de Nicolás V, por la que se autoriza a Alfonso V de Portugal a esclavizar a los infieles de África Occidental.
1455, Romanus Pontifex, de Nicolás V, que completa la bula Dum diversas autorizando la conquista y la esclavización de todos los pueblos situados al sur del Cabo Bojador.
1456, Inter caetera, de Calixto III.
1460, Execrabilis, de Pío II.
1470, Ineffabilis providentia , de Pablo II por la que se estableció el plazo entre jubileos en ventincinco años.
1478, Exigit sincerae devotionis, de Sixto IV, por la que se concede a los Reyes Católicos la creación de la Inquisición española.
1481, Aeterni regis, de Sixto IV, por la que se confirma el Tratado de Alcáçovas.
1484, Summis desiderantes, de Inocencio VIII, por la que afirma la necesidad de suprimir la herejía y la brujería en el valle del Rin.
1486, Ortodoxae fidei por la que Inocencio VIII concede a los Reyes Católicos el derecho de presentación para todas las iglesias y monasterios nuevos y todos los otros beneficios, menores y mayores del Reino de Granada próximo a ser conquistado.
1493, Inter caetera, Eximiae devotionis y segunda Inter caetera, de Alejandro VI, por las que se dividen los territorios del Atlántico entre Castilla y Portugal.
1493, Dudum siquidem, de Alejandro VI, por las que se conceden a Castilla los territorios que descubra en Asia.
1493, Piis Fidelium, de Alejandro VI, por la que se envían misiones al Nuevo Mundo.
[editar] siglo XVI
1512, Pastor Ille Caelestis, por Julio II. Promulgada a finales del mes de julio. Fue la excusa de Fernando el Católico para invadir Navarra.
1513, Exigit Contumacium, promulgada el 18 de febrero, por Julio II, excomulgando a los reyes de Navarra como implicados en el cisma de la iglesia.
1513, Apostolici Regiminis, de León X.
1514, Supernae, de León X, por la que los cardenales se sitúan en la jerarquía eclesiástica inmediatamente después del Papa.
1520, Exsurge Domine, de León X, por la que se condenan las tesis sostenidas por Martín Lutero.
1521, Decet Romanum Potificem, de León X, por la que se excomulga a Martín Lutero.
1536, In Coena Domini, de Pablo III, por la que se pronuncia una excomunión general contra todos los heréticos
1537, Sublimus Dei, de Pablo III, por la que se reconocían a los indios americanos como “auténticos hombres” y se denunciaba su esclavitud.
1538, In Apostolatus Culmine, de Pablo III, por la que se fundaba la Primera Universidad de América en Santo Domingo.
1540, Regimini militantis, de Pablo III, por la que se establece la Orden Jesuita.
1543, Injunctum nobis, de Pablo III, por la que se realiza una nueva aprobación de la Orden Jesuita.
1543, Exposcit debitum, de Julio III
1555, Cum nimis absurdum, de Pablo IV, por la que se establece el getto judío de Roma.
1559, Cum ex apostolatus officio, de Pablo IV, por la que se establece que sólo entre los católicos pueden elegirse los papas.
1564, Index librorum prohibitorum, de Pío IV, por la que se establece el Índice de libros prohibidos.
1565, Aequum reputamus, de Pío IV.
1567, De salutis gregi Dominici, de Pío V, por la que se condenan oficialmente las corridas de toros, bajo pena de excomunión a perpetuidad a sus participantes.
1568, In Coena Domini, de Pío V.
1570, Regnans in Excelsis, de Pío V, por la que se declara herética a Isabel I de Inglaterra.
1582, Inter gravissimas, de Gregorio XIII, por la que reforma el calendario estableciéndose el calendario gregoriano.
1586, Coeli et terrae creator, de Urbano VIII, por la que se condena oficialmente la astrología.
1588, Immensa Aeterni Dei, de Sixto V.
[editar] siglo XVII
1621, Aeterni Patris Filius, de Gregorio XV.
1622, Decet Romanorum Pontificem, de Gregorio XV.
1622, Inscrutabili divinae providentiae, de Gregorio XV.
1648, Zelo domus Dei, de Inocencio X, por la que condena la paz de Westfalia.
1649, Appropinquat dilectissima filii, de Inocencio X, por la que se proclama 1650 como año jubilar.
1653, Cum occasione, de Inocencio X, por la que se condena el jansenismo.
1656, Gratia Divina, de Alejandro VII, por la que se define la herejía, instaura el procedimiento inquisitorial e instaura la delación.
1665, Ad Sacram, de Alejandro VII, por la que se establecía un formulario de adhesión a la condena jansenista de obligada firma para todos los eclesiásticos.
1692, Romanum decet Pontificem, de Inocencio XII, por la que se prohibe la cesión de territorios, cargos o prebendas a los parientes del papa.
[editar] siglo XVIII
1713, Unigenitus, de Clemente XI, por la que se condena el jansenismo.
1725, In Apostolicae Dignitatis Solio, de Benedicto XIII, por la que se aprueba el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Lasallistas).
1738, In eminenti, de Clemente XII, por la que se condena la francmasonería y se excomulga a sus miembros.
[editar] siglo XIX
1814, Sollicitudo omnium ecclesiarum, de Pío VII, por la que se restablece la orden jesuita tras su supresión.
1822, Paternae Caritatis, de Pío VII, por la que se restituyen varias diócesis en Francia.
1850, Universalis Ecclesiae, de Pío IX, por la que se establece la jerarquía de la Iglesia Católica en Inglaterra.
1854, Ineffabilis Deus, de Pío IX, por la que se define el dogma de la Inmaculada Concepción.
1864, Quanta cura de Pío IX, por al que se introduce el Sillabo
1868, Aeterni Patris, de Pío IX, por la que se convoca el Concilio Vaticano I.
1869, Apostolicæ Sedis Moderationi, de Pío IX.
1871, Pastor aeternus de Pío IX, por la que se define el dogma de la infalibilidad papal.
1880, Dolemos inter alia, de León XIII.
1896, Apostolicae Curae, de León XIII.
[editar] siglo XX
1910, Quam singulari, de Pío X, por la que se declara la admisión de los niños al sacramento de la eucaristía a partir de los siete años.
1950, Munificentissimus Deus de Pío XII, por la que se define el dogma de la asunción de María.
1961, Humanae salutis, de Juan XXIII, por la que se convoca el Concilio Vaticano II.
1965, Dei Verbum, de Pablo VI.
1974, Apostolorum limina

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La estética es la rama de la filosofía que tiene por objeto el estudio de la esencia y la percepción de la belleza. Formalmente se le ha definido también como "ciencia que trata de la belleza de la teoría fundamental y filosófica del arte". La palabra deriva de las voces griegas αἰσθητική (aisthetikê) «sensación, percepción», de αἴσθησις (aisthesis) «sensación, sensibilidad», e -ικά (ica) «relativo a».
La estética estudia las razones y las emociones estéticas, así como las diferentes formas del arte. La Estética, así definida, es el dominio de la filosofía que estudia el arte y sus cualidades, tales como la belleza, lo eminente, lo feo o la disonancia. Desde que en [[1750](en su primera edición)y 1758 (en su segunda edición publicada)] Baumgarten usó la palabra "estética", se la designó como: "ciencia de lo bello, misma a la que se agrega un estudio de la esencia del arte, de las relaciones de ésta con la belleza y los demás valores". Algunos autores han pretendido sustituirla por otra denominación: calología, que atendiendo a su etimología significa ciencia de lo bello (kalos, «bello»).



la belleza el sentimiento de lo bello.







La belleza es una característica de un ente real, imaginario o ideal cuya percepción constituye una experiencia de placer, revelación de significado, o satisfacción. La belleza es estudiada como parte de la estética, la sociología, la psicología social y la cultura. Como creación cultural, la belleza ha sido muy comercializada. Una «belleza ideal» es una entidad que es admirada o posee características ampliamente atribuidas a la belleza perfecta en una cultura particular.
La percepción de la «belleza» a menudo implica la interpretación de alguna entidad que está en equilibrio y armonía con la naturaleza, y puede conducir a sentimientos de atracción y bienestar emocional. Debido a que constituye una experiencia subjetiva, a menudo se dice que «la belleza está en el ojo del observador».[1] En su sentido más profundo, la belleza puede engendrarse a partir de una experiencia de reflexión positiva sobre el significado de la propia existencia












Lo feo
Categoría estética en que se reflejan los fenómenos de la realidad adversos a lo bello y en que halla su expresión la actitud negativa del hombre respecto a tales fenómenos. En contraposición a lo bello, lo feo en la sociedad se caracteriza por presentar obstáculos [172] a la libre manifestación y al florecimiento de las fuerzas vitales del hombre, por el desenvolvimiento limitado, monstruosamente unilateral, de dichas fuerzas, por la descomposición del ideal estético. En lo feo, la esencia humana se contradice a sí misma, se manifiesta bajo un aspecto deformado e inhumano, lo cual resulta patente en el arte a través de figuras como las de Golovliov, Pliushkin, Yago y otras. En el mundo burgués, lo feo predomina sobre lo bello, lo cual se refleja en la preponderancia de los tipos negativos sobre los positivos en el arte del realismo crítico, arte que utiliza las imágenes de los personajes y caracteres negativos para criticar y poner al desnudo los aspectos inhumanos de la vida que destruyen la belleza del hombre. En el arte auténtico, la representación estética de lo feo constituye una forma peculiar de la afirmación del ideal de belleza. Decía Belinski que toda negación, para ser viva y poética, ha de hacerse en nombre del ideal. La obra de educar al hombre de la sociedad comunista se encuentra indisolublemente vinculada a la lucha contra las supervivencias feas y repugnantes del pasado en nuestra existencia, que dificultan la creación, de una nueva sociedad






Lo sublime es una categoría estética, derivada principalmente de la obra Περὶ ὕψους ("Sobre lo sublime") del poco conocido escritor griego Longino (o Pseudo-Longino), y que consiste fundamentalmente en una belleza extrema, capaz de arrebatar al espectador a un éxtasis más allá de su racionalidad, o incluso de provocar dolor por ser imposible de asimilar. El concepto de lo "sublime" fue redescubierto durante el Renacimiento, y gozó de gran popularidad durante el Barroco, durante el siglo XVIII alemán e inglés y sobre todo durante el primer Romanticismo

lo gracioso: se dice de la persona o cosa de aspecto actractivo.







lindo,bello,agraciado.











Lo trágico y lo diferente
Por Aquilino Duque
En las euforias del nuevo régimen, el sabio profesor Tierno Galván proclamó urbi et orbi que España había dejado de ser trágica. En circunstancias parecidas, don Manuel Azaña proclamó que España había dejado de ser católica, y tuvieron que pasar muchas tragedias para que se cumpliera el piadoso deseo de don Manuel.
Vamos a ver cuántas pasan para que se cumpla el de don Enrique. Ha transcurrido un cuarto de siglo y no se enciende un televisor ni se conecta una radio ni se abre un periódico sin que nos salpique el alma una tragedia. Yo debo decir que, para mí, España había dejado de ser trágica por lo menos desde que acabó la guerra civil, para volver a serlo desde el punto y hora en que a Tierno y a sus amigos les parecía que dejaba de serlo. En el teatro griego una tragedia se plantea cuando un bien se opone a otro bien, y en política cuando se da carta de naturaleza a los demonios familiares y se institucionalizan sus enfrentamientos. Baste observar la delicadeza de los cumplidos que los adversarios se cruzan en las campañas electorales. Pero esto es juegos florales. Lo que cuenta es lo que pasa en la calle, como diría Juan de Mairena, y de lo que pasa en la calle nos dan excesiva cuenta los morbosos medios de manipulación de masas. Posiblemente para neutralizar el mal efecto de esas informaciones, esos mismos medios, a los que hay que sumar “nuevos valores” descubiertos o valores viejos rescatados con premios astronómicos por editoriales que han perdido la vergüenza o que nunca la tuvieron, se dedican a reescribir la historia, manipulando fotografías y documentales en el mejor de los casos o inventándose unos malos y unos buenos de guardarropía en un país que nunca existió. El caso es demostrar que lo trágico se reduce a los tiempos en que la fotografía y el cine eran en blanco y negro, y que del blanco y negro tenían la culpa los sempiternos enemigos del tecnicolor multicultural. Porque la tragedia no está por lo visto en que corra la sangre, sino en que el blanco y negro impidiera ver su color. Si Tierno, en vez de decir, “España ha dejado de ser trágica”, hubiera dicho “España ha dejado de ser diferente”, la cosa se entendería mejor, pues de hecho, todos los Gobiernos que se han sucedido en este cuarto de siglo, han procurado acabar con el “hecho diferencial” de España… a la vez que fomentaban los “hechos diferenciales” de las diversas regiones que la componen. La España “trágica y diferente” es un invento al parecer de los viajeros románticos, los “curiosos impertinentes”, desde Borrow y Ford hasta Hemingway y Brenan, que venían en busca de algo que en su tierra por lo visto no se daba, que era lo pintoresco y, en el fondo, lo trágico. Esta es la tesis que sostiene el periodista británico Burns Marañón, en la línea antedicha de los Gobiernos de “este país”. Según Burns, no es que España haya dejado de ser diferente; es que nunca lo fue, pues, como es sabido, la España del XIX, al menos desde la muerte de Fernando VII, fue más o menos como la actual, constitucional y modélica, en la que bandidos y morenazas, contrabandistas y cigarreras, “toreros y gitanos” (Machado dixit), y palabrejas como “pronunciamiento”, “junta”, “camarilla” y otras de parecido jaez eran mera anécdota en la que inexplicablemente se empeñaban en fijarse los susodichos “curiosos impertinentes”. Otros que incurrieron en esa “impertinente curiosidad” fueron los de la generación del 98, en la que hay que inscribir las palabras de Machado antedichas, y en una conferencia mía al respecto, el director del centro oficial correspondiente me corrigió diciendo que todos sus lamentos eran gratuitos, pues la España de hace un siglo “iba bien”, como de la de un siglo después diría algún responsable de la cosa pública, y además proyectaba construir unos buques de guerra mucho mejores que los destruidos en Santiago y en Cavite. Es curioso que la abolición de la “España diferente” pase por la reivindicación de unos periodos y episodios históricos en los que lo trágico alcanzó hitos de crueldad y pintoresquismo. ¿Se reconoce Andalucía en La consagración de la copla de Romero de Torres? ¿Dónde y cuándo situamos los esperpentos del intocable Valle-Inclán? ¿Dónde y cuándo La Andalucía trágica de Azorín? ¿Dónde y cuándo Las Hurdes de Buñuel o el estrago de Casas Viejas? Por cierto, un historiador de la nueva escuela, es decir, un historiador retroactivo, en una conferencia taurina, incluía este episodio en una demagógica enumeración de represiones derechistas. Me temo que tendré que aclarar que esa tragedia ocurrió en pleno bienio de quema de conventos, con el Sr. Azaña en el Gobierno. También se dice y se escribe ahora que en septiembre de 1923 y en julio de 1936 España era una balsa de aceite que no justificaba lo que pasó en esas fechas. Hay que tener morro. Yo no voy a perder el tiempo en refutar a historiadores y folicularios retroactivos, pues ellos se delatan y se refutan a sí mismos. Por ejemplo, el maestro de todos esos historiadores, don Raimundo Carr, confiesa paladinamente que una de sus fuentes históricas más fidedignas es la novela, en particular la de Delibes y Umbral, y en un diario andaluz, después de contar en muchas entregas y con profusión de ilustraciones una de esas historias retroactivas, sacan una foto del actual Jefe del Estado besándole la mano a una presunta actriz ante la mirada sonriente de su director. Y dice el pie: “Almodóvar, símbolo de la España moderna”.


ridiculo:
adj. Que por su rareza o extravagancia produce risa:lleva un vestido ridículo.
Escaso,insuficiente:les sirvieron unas raciones ridículas.
Absurdo,falto de lógica:él no lo hizo,eso es ridículo.
m. Situación humillante que sufre una persona y provoca la risa y la burla de los demás:hacer el ridículo.
en ridículo loc. adv. Expuesto a la burla o al menosprecio de los demás.♦ Se usa sobre todo con los verbos estar,poner, dejar y quedar: la dejó en ridículo delante de sus hijos.

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categoria del escritor

lo feo:es lo contrario a lo bello ,lo que desagrada lo que produce un placer negativo ,se justifica por la falta de almonia.

estetica:es la ciencia que estudia las condiciones en que es produce la belleza .

belleza:el adjetivo bello lo aplicamos a todo aquello cuya contemplacion origina placer espiritual  y agrado de modo inmediato.

lo sublime:es lo exelso lo emiente lo de elevacion extraordinario lo que sobre escoje.

lo gracioso:se dice de la persona o cosa de aspecto actrativo que agrada a quien lo mira.

lo bonito: lindo,bello ,gracioso.

lo tragico:es la varidad de lo sublime que resulta de choque brutal del hombre contra la adversidad.

lo patetico:voce de la contemplacion de un dolor humano.

lo comico:lo comico no existe  tampoco  fuera de lo humano.

lo ridiculo:es todo lo vista,oido,o pensamiento .

lo satidico:supone un elemento internacional la sensura o burla.

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tener un conocimiento general de la categora estetica

la categoria del escritor
lo feo
lo patetico
lo bello
lo ridiculo
lo graciosos
lo humoristico
lo comico

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eje de literatura

literatura clasica oriental
literatura clasica
la iliadad

los hitoria dores mas importantes son
homero griego
platon
entre otros

la oliteratura es el arte de expresar con la palabra los
pensanmiento del autor

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